lunes, 29 de diciembre de 2014

La era de la aceleración: el tiempo personal



La Postmodernidad ha sido interpretada desde diferentes lecturas: como una era relativista, del vacío o del consumo sin medida. Pero seguramente la lectura más apropiada de nuestra situación más actual es caracterizar nuestra época como la de la aceleración. Postulamos que existe una autonomía individual y al mismo tiempo la hacemos imposible al acelerar la vida y no dejar la posibilidad de gestionarla de forma reflexiva y estructurada.

Como expone el filósofo alemán Hartmut Rosa la aceleración es el equivalente a la promesa religiosa de la vida eterna: en el mundo premoderno, dominado por la tradición, las cosas procuraban quedarse tal como habían sido siempre y los cambios se realizaban lentamente de generación en generación. En la Postmodernidad que vivimos, se ha pasado de un ritmo intergeneracional a un ritmo intrageneracional: los ciclos de la vida familiar hoy duran menos que la vida de un individuo: divorciarse, volverse a casar...

En el mundo laboral, los trabajos pasan a un ritmo más rápido que las generaciones: un Norteamericano con estudios superiores cambia de media once veces de trabajo. Estamos además también presionados en el mundo empresarial por el denominado Capital impaciente : que busca sólo rendimiento a corto plazo y cuya permanencia en las empresas es por tiempo limitado, mientras puedan extraer la rentabilidad requerida. Para posteriormente migrar sin remordimientos a otras empresas o territorios que les proporcionen mejores réditos, dejando como residuos el sufrimiento y las desestructuraciones sociales y personales.

Hartmut Rosa nos indica que antes el padre le decía al hijo: "el mundo es tuyo"; en la actualidad le dice :"ahora las cosas están así, pero prepárate para el cambio". Los jóvenes saben que el mundo cambia muchas veces en el transcurso de una sola vida. Esto provoca la "aceleración del ritmo de vida", que define como el aumento del número de episodios de acción o experiencia por unidad de tiempo: intentamos hacer cada vez más cosas en un tiempo dado. Comemos fast food, hacemos speed dating o discursos de elevator pitch. Procuramos evitar los tiempos de pausa. Todo pasa como si aumentáramos la velocidad de la vida en ella misma.

Pero por otro lado sentimos cada vez más la decadencia de la fiabilidad de las experiencias: tenemos muchas experiencias pero no tienen significación en la configuración de nuestra subjetividad e identidad. Disminuye el tiempo que hay que dedicar a hacer cosas cotidianas pero al mismo tiempo tenemos siempre la sensación de falta de tiempo. Tener abundancia de tiempo más que un signo de bienestar es, al contrario, un signo de exclusión.

En esta era acelerada, por desgracia, la política se ha vuelto situacionista: es defensiva y desacelerada. No propone sino que reacciona como puede a los cambios. La política ha perdido su leivmotiv de motor del cambio social. Cada esfera económica o social funciona de forma aceleradamente autónoma, sin existir una estructura centralizada ni un principio legitimador e integrador social. Todo va tan deprisa que disloca cualquier ideología estructurada de mejora. Tenemos la posibilidad de hacer cada vez más cosas: ver más canales de televisión, más páginas de internet, disfrutar de más aplicaciones. Y en consecuencia tenemos menos tiempo para seguir cualquier opción, para vincularnos con el contexto.

Como expuso el psicólogo Kenneth Gergen la vida se ha convertido en un "océano de exigencias": al final del día, los individuos se van a dormir con un sentimiento de culpabilidad porque no llegan nunca a acabar de hacer todas las cosas de la lista de tareas que se han propuesto hacer. Para Hartmut Rosa la salida a toda esta era de la aceleración pasa por tratar de guiarse por los "momentos de resonancia": darse el tiempo necesario para familiarizarse con el entorno con el que se vive, con la gente con la que nos integramos, con las herramientas que utilizamos. Se trata de proteger y crear esa sensación de resonancia que sentimos con la naturaleza cuando contamos los pasos al pasear tranquilamente por el bosque y oímos nuestra respiración; cuando escuchamos  fragmentos de música y nuestra alma resuena en nosotros mismos o cuando conversamos con un grupo de amigos y nos integramos empáticamente con ellos.

Contrariamente a lo que nos han enseñado, tener tiempo para nosotros es signo de bienestar y modelo de vida buena. Como sabiamente dijo Baltasar Gracián : "lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Incluso aquel que nada tiene, lo posee".




viernes, 19 de diciembre de 2014

De nuestro presente distópico al ser humano como nueva utopía


Cuando hablamos de nuestro presente lo hacemos de una forma inquietante, como algo acelerado e inestable que nos supera, que puede excluirnos y a lo que ya no podemos hacer frente con nuestros recursos personales de una forma segura. Una de las características diferenciales de nuestra época con las anteriores es que pensamos el presente como una distopía: como algo indeseable.

Los discursos o relatos utópicos de construcción y progreso social, parecen haber dejado paso a una simple gestión operativa economicista de la realidad, del intentar ir sobreviviendo al día a día. Una  nueva ideología operativa que experimentamos personalmente con incertidumbre, como truculenta y excluyente.

Con la llegada de la postmodernidad los grandes metarrelatos ideológicos de construcción utópica como el comunismo, el liberalismo o la socialdemocracia fueron desapareciendo como ideas estructuradas de intento de progresión social con sentido histórico y guías personales de actuación, ahogadas muchas de ellas por la sospecha de totalitarismo que una única e impuesta visión global puede contener.

Pero lejos de vivir en una libre fragmentación y en nuestras pequeñas burbujas inestables, se ha consolidado en cambio un nuevo metarrelato: el del Pensamiento Único. Una nueva ideología que al no necesitar grandes legitimaciones, se ha ido imponiendo sin grandes resistencias: dado que se ha convertido en una mera gestión económica operativa de la realidad de nuestro presente, donde lo que importa realmente es el resultado y los réditos a corto plazo y que al parecer evidentes, no necesitan ninguna justificación más. Éste Pensamiento único no tiene ningún sentido histórico ni de pasado ni de futuro, no importan los medios o recursos utilizados para obtener el  imperante resultado a corto  plazo y además no contiene ninguna visión de mejora individual o progreso social a largo plazo. La cruda realidad es la propia Utopía a gestionar  operativamente para este Pensamiento Único: el Ser Humano solo puede adaptarse a esa realidad, no puede reformarla o conformarla socialmente.

La Tecnología como punta de lanza del progreso económico y social parece haber sido secuestrada por la mercantilización y la necesidad imperante de rendimiento económico a corto plazo de sus aplicaciones o desarrollos como nueva forma de poder político. Una ideología tecno-optimista que aunque parece que va a cambiar siempre a mejor nuestras vidas, es vista inquietantemente como nueva forma de control humano y conformación monopolística por unos pocos actores multinacionales de toda la sociedad.

La Biociencia como nueva forma de mejora del Ser Humano y sus enfermedades, esta dejando paso a discursos de superación de lo humano como el Transhumanismo o la nueva robótica. Pero una ciencia de modificación genética de mejora  biológica que parece sólo va a poder estar al alcance de los personas con más recursos, dejando de lado a la mayoría de la población: a modo de una nueva clase inferior que ya no será sólo social sino incluso también biológica.

Lo preocupante es que parece que nuestras instituciones no han ido a la misma velocidad que este cambio social y tecnológico. Empantanadas en sus viejas querellas de funcionamiento estructurales de luchas internas y corrupción generalizada, no están protagonizando ningún discurso social o político incluyente o defensor de lo Humano como punto de referencia o centro de gravedad permanente en este presente que vivimos.

La solución a un presente experimentado como distópico puede estar en volver a lo Humano con discursos que propugnen la cultura y la educación como forma crítica de ver la realidad, el desarrollo de las capacidades que nos permitan llegar por nosotros mismos a ser quién somos, al perfeccionamiento personal por encima de la mera acumulación apropiativa de objetos, a valorizar de nuevo la  fraternidad humana como conformación social en la diferencia. En definitiva, a volver al Ser Humano como utopía en construcción permanente que no sólo se adapta a la realidad sino que la conforma personalmente para ser libre y después la comparte para intentar que mejore también para todos.








viernes, 12 de diciembre de 2014

Soberanía digital: la tecnología también es política


Toda tecnología que no controlemos será utilizada contra nosotros. Esta es la principal máxima que se puede derivar de la situación de desarrollo tecnológico actual y su control monopolístico por los grandes conglomerados de las multinacionales tecnológicas al servicio de la comercialización y monetización de la que parece la nueva materia prima del Capitalismo actual: los datos. Recordemos por ejemplo, que la CIA admitió que utiliza el análisis de metadatos para matar.

Estas grandes nuevas multinacionales tecnológicas están sin duda modificando el panorama no solamente empresarial, sino también el cultural y social. A través de su capacidad de desarrollo tecnológico  y de su control monopolístico, están instalando una nueva y peligrosamente estrecha ideología pragmática: el solucionismo. Creando nuevo software cerrado e innovadoras aplicaciones (apps) parece que todos nuestros problemas van a tener una solución inmediata o desaparecer y nuestra vida mejorará con un simple click. No parece haber lugar para la crítica discursiva o para formas más tradicionales de la gestión de las problemáticas sociales mucho más lentas y conflictivas, como la política.

La visión intencionalmente positiva del futuro, mediante su tecno-optimismo que estas multinacionales propagan globalmente en sus campañas, esconden  la cara oculta de la cesión confiada e inconsciente de nuestros datos, y por tanto de nuestra soberanía personal y política, a unos pocos actores en algo tan vital para el desarrollo de nuestro sistema económico y social como es la tecnología. Hay siempre que reflexionar sobre estas prácticas: porque cuando normalmente no tienes que pagar por un producto o servicio es que seguramente el producto eres tú.

Este tipo de gestión monopolística de la tecnología por el abandono de nuestra soberanía en esta materia, cegados por la promesa de una vida mejor ofrecida por las aplicaciones tecnológicas y sus gadgets, produce en el fondo cambios revolucionarios en nuestra forma de entender las relaciones sociales y la política. Muchas veces pensamos en la revolución como un cambio abrupto y repentino, que del caos crea un nuevo orden de cosas; pero también puede pensarse que hay cambios revolucionarios más lentos y de larga duración: la influencia cada vez mayor de la tecnología en nuestra economía y política durante estas últimas décadas puede ser uno de ellos.

Estos cambios revolucionarios más lentos, pero de más larga duración, pueden observarse en nuestra comprensión de las relaciones sociales donde por influencia de la tecnología y las redes sociales hemos renunciado sin grandes coacciones a nuestra intimidad : y hacemos de la exposición al "Me gusta" el patrón de valor del mercado y de nuestra apreciación  y autoestima personal.  Por otro lado, la constante reclamación de transparencia y positividad como leivmotiv de la nueva política y sociedad no deja ningún espacio a la necesaria reflexión y discusión sobre alternativas contrapuestas y negativas a la opción principal, para de una forma dialéctica intentar avanzar en soluciones consensuadas.

Con la única máxima de la transparencia positiva cualquier atisbo de intimidad o de reflexión en contra o negativa  es eliminada como oscurantista, antiprogresista y asocial por esta nueva ideología tecnológica  positiva, transparente y solucionista. La nueva ley social es clara: los demás tienen derecho a saber sobre ti. La distopía ya no es el miedo a un Gran Hermano que nos observe, sino a ser excluidos y que no nos sigan en la red social o nos vean. No es necesario un totalitarismo centralizado que nos controle, en estas nuevas sociedades somos todos quienes observamos y controlamos a todos (al estilo del nuevo panóptico digital de Byung-Chul Han). Y disentir a la opinión mayoritaria de las redes sociales, provoca la exclusión de las mismas y por tanto, nuestra no existencia o muerte social. Incluso el poder de las noticias y la prensa es aglutinado, jerarquizado y expuesto o eliminado,  en función de los criterios de estas multinacionales tecnológicas en sus buscadores.

Se hace muy necesario abogar por retomar nuestra Soberanía Digital como forma de hacer frente al monopolio empresarial  de un factor tan vital como es la influencia de la tecnología en nuestras sociedades. Una soberanía digital que nos permita dar consentimiento informado a nuestra gestión de datos y que a su vez nos ayude a recuperar el control político democrático de los avances tecnológicos, de su gestión y aplicación social.

Aunque no nos lo pueda parecer en un primer momento,  la tecnología también es política: se trata de cambiar este poder tecnológico actualmente utilizado sobre los otros (el cual fue caracterizado por Foucault),  a un tipo de poder entre todos: el que se da entre y para la gente. Es nuestra responsabilidad aprovechar las enormes posibilidades de la tecnología como vector de la mejora social: gestionada democrática y políticamente mediante el ejercicio de nuestra soberanía digital, contra el inquietante monopolio, posiblemente totalizador,  que cada vez más se está dando en el desarrollo tecnológico actual. La tecnología no es cosa de unos pocos : la tecnología también somos todos.



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martes, 2 de diciembre de 2014

La economía: ¿ciencia o arte político?. El nomos naturalizado liberal.



¿La economía es una ciencia o un arte político?.¿Existe una naturaleza del intercambio y del ser humano  que le  haga inherentemente racional, caracterizado técnicamente como homo economicus, y que fundamente una economía formalista concebida apolíticamente?.¿La economía es cultura-nomos con fines intencionales éticos o ciencia técnica natural-physis?. ¿Qué consecuencias tiene concebir teóricamente la economía como la ciencia (physis)  de los problemas políticos resueltos (y de este modo no nomos) sobre la soberanía gubernamental, el derecho, la libertad o la concepción de los sujetos?.

La economía, en su primer origen, etimológicamente proviene del griego oikos-nomos traducido como las “normas de la administración del hogar”. El nomos como construcción de reglas o costumbres culturales de administración del hogar, uno de los elementos sociales constitutivos de las polis, está presente pues en la misma esencia originaria de la economía. Una economía “política” de administración del hogar en las polis; frente a una naturaleza o mundo de los fenómenos naturales (physis), que parecen de entrada un ámbito de estudio alejado del objeto de estudio de la economía  o de sus propios fundamentos. De este modo, significativamente Aristóteles al principio de la Ética Nicomaquea, pone en relación la economía con los fines humanos, refiriéndose a su interés por la riqueza. Considera la economía como parte instrumental de la política y en última instancia, de la ética, este punto de vista se desarrolla aún más en su obra “La política”.

Pero a partir del siglo XVIII con la aparición de la teoría económica liberal y la neoclásica marginalista, principalmente desarrollada por Locke,  Adam Smith, Stuart Mill o Walras y el empirismo de autores como Hume, aparece un segundo origen de la economía como una ciencia social que se fundamenta en fenómenos naturales (de la physis) como el intercambio y especialmente referida al funcionamiento natural de los mercados complementada con la hipotésis de la naturaleza racional inherente a las actuaciones y decisiones del Ser Humano. Es una economía numérica, con un enfoque “logístico” a imagen de la ciencias naturales y mecánicas. Al analizar el comportamiento humano no se le da demasiada impotancia a las consideraciones éticas o normativas. La economía se considera a si misma como la ciencia de los problemas políticos resueltos. Este segundo origen científico-natural y apolítico de la economía, es el que se hace dominante a partir finales del siglo XX y del que toma parte de sus bases ideológicas el neoliberalismo en el que vivimos actualmente.

El pensador francés Michel Foucault en su curso de 1979 “Nacimiento de la Biopolítica” en el Collège de France, desarrolla magistralmente el nacimiento de la nueva razón gubernamental liberal como gobernar menos, en interés de la eficacia máxima y en función de la naturalidad de los fenómenos a los que se enfrenta. 

Foucault cita de inicio a Rousseau en su famoso artículo “Économie politique” de la “Encyclopedie” donde expone que la economía es una suerte de reflexión general sobre la organización, la distribución y la limitación de los poderes en una sociedad. Por economía política también se alude, de una manera más amplia y más práctica, a todo método de gobierno en condiciones de asegurar la prosperidad de una nación. La economía era considerada como política, relacionada intrínsecamente con el poder.

La economía en adelante en su forma liberal, reflexiona sobre las mismas prácticas gubernamentales y no las examina en términos de derecho para saber si son legítimas o no. No las considera desde el punto de vista de su origen sino de sus efectos. Importa poco que un derecho sea legítimo o no, el problema pasa por saber qué efectos tiene y si éstos son negativos. La cuestión económica siempre va a plantearse en el interior del campo de la práctica gubernamental y en función a sus efectos, no en función de lo que podría fundarla en términos de derecho.

La ciencia económica es concebida apolíticamente, en la medida en que el único poder que tienen los agentes económicos es el poder de compra. Pero no hay jerarquías entre ellos (el mercado es anónimo), ni capacidad de coerción personal de unos sobre otros. Los mercados no serían sino movimientos promotores de la asignación eficiente de recursos a lo largo de una frontera de posibilidades de producción exógenamente definida. Y en ningún caso serían, a la vez, instituciones políticas disciplinarias suministradoras de mecanismos para alterar las ofertas. Para la vieja economía política, la relación (política: de poder) entre el capital y el trabajo fue un problema fundamental; para la teoría económica neoclásica, en un mercado perfectamente competitivo, realmente no importa quién alquila a quién, así podemos suponer que el trabajo alquila al capital.

La economía es una ciencia social que habla de deseos y actos humanos deficientemente informados, con recursos naturales inciertos y por ello hermética e imprevisible para nuestra observación inmediata. Es evolutiva y dinámica como el resto de la vida natural y solo raramente explica en qué dirección y porque causas se ha movido. La economía se convierte en un nomos naturalizado.

Los intereses son el medio por el cual el gobierno puede tener influjo sobre los individuos, los actos, las palabras, las riquezas, los recursos, la propiedad, los derechos, etcétera. En los sucesivo, el gobierno ya no tiene que intervenir, ya no tiene influjo directo sobre las cosas y las personas ni puede tenerlo, sólo está legitimado, fundado en el derecho y la razón para intervenir en la medida en que el interés, los intereses, los juegos de intereses, hacen bien o de cierto interés para el individuo o el conjunto de ellos. El gobierno no se interesa sino en los intereses. La limitación de la gubernamentalidad se dará mediante el cálculo de utilidad. El gobierno se ejercerá por la república fenoménica de los intereses. La pregunta fundamental del liberalismo será: ¿Cuál es el valor de utilidad del gobierno y de todas sus acciones en una sociedad donde lo que determina el verdadero valor de las cosas es el intercambio?

Foucault expone que en el siglo XVIII aparece mucho más un naturalismo que un liberalismo. Se utiliza liberalismo en cuanto a la libertad está, de todos modos, en el centro de esta práctica o de los problemas que se plantean. El nuevo arte de gubernamental se presentará como administrador de la libertad. El liberalismo plantea lo siguiente: voy a producir para ti lo que se requiere para que seas libre. Voy a hacer de tal modo que tengas la libertad de ser libre. Es preciso por un lado producir la libertad, pero ese mismo gesto implica que, por otro lado, se establezcan los límites, controles, coerciones, obligaciones apoyadas en amenazas, etc. La libertad en el régimen de liberalismo no es un dato previo, sino que es algo que se fabrica en cada momento. El liberalismo no es lo que acepta la libertad, es lo que se propone fabricarla en cada instante, suscitarla y producirla con todo el conjunto de coacciones y problemas de costo que plantea esa fabricación.

El objeto del análisis económico puede extenderse, en una definición colosal para Foucault, incluso más allá de las conductas racionales en este imparable éxito de la colonización de la economía como gramática universal de las Ciencias Sociales . Expone el economista Gary Becker que en el fondo el análisis económico puede perfectamente encontrar sus puntos de anclaje y su eficacia en el mero hecho de que la conducta de un individuo responda a la cláusula  de que su reacción no sea aleatoria con respecto a lo real (a lo natural).  Es decir: cualquier conducta que responda de manera sistemática a modificaciones y variables del medio debe poder ser objeto de un análisis económico, en definitiva, como dice Becker, cualquier conducta que “acepte la realidad”. El homo economicus es quien acepta la realidad. Es racional toda conducta que sea sensible a modificaciones en las variables del medio y que responda a ellas de manera no aleatoria, de manera, por tanto, sistemática, y la economía podrá definirse entonces como la ciencia de la sistematicidad de las respuestas a las variables del medio natural. Y también es posible integrar en la economía todas las técnicas comportamentales como la psicología.

La economía es una disciplina atea; es una disciplina sin Dios; es una disciplina sin totalidad, y es una disciplina que comienza a poner de manifiesto no sólo la inutilidad sino la imposibilidad de un punto de vista político soberano sobre la totalidad del Estado. La mano invisible plantea como principio la imposibilidad del despotismo político (y en su extremo de cualquier intervención estatal) por falta de evidencia  económica. El conjunto de los procesos económicos no puede dejar de escapar a una mirada que quiera ser central, totalizadora y dominante. La economía para el liberalismo se convierte así en la ciencia de los problemas políticos resueltos y las consecuencias de esta concepción las sufrimos aún con mayor intensidad, si cabe, en la crisis actual .

Este texto es un extracto de mi presentación en el V Coloquio Macrofilosófico Internacional el pasado 1 de diciembre en la Facultad de Filosofía de la UB. Para descargar el texto completo gratuitamente en PDF clicar en el link de abajo:








viernes, 21 de noviembre de 2014

La nueva ética del individuo neoliberal: de la Ciberutopía a la Sociedad del Cansancio.


¿Qué tipo de sujetos crea el desarrollo capitalista actual: somos sujetos constituyentes de nuestra experiencia o somos sujetos constituidos exteriormente por el discurso de nuestro sistema económico? ¿Qué elementos definen nuestra ética y comportamiento en la actualidad? ¿Qué caracteriza a los directivos y managers en las empresas del presente? ¿En qué tipo de sociedades vivimos actualmente: aislados o en grupos sociales cohesionados? ¿Hay posibilidades para la acción política en las nuevas sociedades digitales?

1) A estas preguntas,  y con el pensamiento de: Michel Foucault, Byung-Chul Han, Michel Feher, César Rendueles y Gilles Lipovetsky, trato de dar una respuesta posible en el nuevo documento-paper :"La nueva ética del individuo neoliberal: de la Ciberutopía a la Sociedad del Cansancio", proveniente de la presentación realizada en el seminario Macrofilosofía del Presente  del Grupo de Investigación GIRCHE  en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, el pasado 20 de Noviembre y que puede descargarse gratuitamente en pdf en el link adjunto abajo:

Descarga gratuita PDF La nueva ética del individuo neoliberal: de la Ciberutopía a la Sociedad del Cansancio


2) Si os interesan más materiales gratuitos sobre la Macrofilosofía del Capitalismo clicar en el link adjunto abajo:

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3) También se realiza con carácter abierto en Barcelona este 24 y 25 de Noviembre y el 2 de diciembre el V Coloquio Macrofilosófico Internacional en la Facultad de Filosofía de la UB organizado por el grupo GIRCHE.




Espero que os sean de utilidad para la reflexión sobre nuestro presente.

Contacto: larazondesencantada@yahoo.es

domingo, 16 de noviembre de 2014

Festival Filosofía "Barcelona Pensa": Macrofilosofía del presente.


Esta próxima semana, del 17 al 22 de noviembre, se realiza en Barcelona el primer festival de Filosofía "Barcelona pensa" organizado por la Universidad de Barcelona (UB) y coincidiendo con el día mundial de la Filosofía, que se celebra el jueves 20 de Noviembre.

Es una semana de Filosofía para todos que acogerá diferentes acontecimientos filosóficos gratuitos y abiertos: conferencias, exposiciones, cineforums, conciertos, cafés filosóficos, actividades para niños, etc y que tendrá lugar en diferentes espacios de la ciudad de Barcelona.

Se trata de sacar la Filosofía a la calle, una disciplina que parece meramente académica y solo para unos pocos, para acercarse a las preguntas que en el fondo nos atañen a todos y por las que deberíamos preguntarnos para intentar dar nuestras propias respuestas: ¿Cómo queremos ser gobernados?, ¿Cuales son las características del presente que afectan a mi desarrollo vital o profesional?, ¿Cómo quiero vivir mi vida?, ¿Qué relación hay entre la filosofía y artes como la pintura,  la música y el cine?... Se pueden consultar las diferentes actividades en su web (www.barcelonapensa.cat).



  • Uno de los actos abiertos recomendados, organizados dentro del festival por el profesor Gonçal Mayos, director del grupo de investigación GIRCHE  de la Facultad de Filosofía de la UB, es:


Macrofilosofía del presente: el miércoles día 19 de Noviembre a las 19 horas en el Ateneu Barcelonès. (http://www.barcelonapensa.cat/Acte:Macrofilosofia_del_present)


Macrofilosofia del present

Gonçal Mayos (UB)Ginés Navarro (UNED)Martha Palacio (UB)
Ateneu Barcelonès (Sala d'Actes Oriol Bohigas) | dimecres 19 de novembre, 19:00

En este acto se intentará pensar las características de la realidad presente desde una perspectiva de pensamiento macro y multidisciplinar, para dar de este modo herramientas para cambiarlas.








Como expone el pensador Giorgio Agamben: "la filosofía no es una disciplina, la filosofía es una intensidad, que, como sucede en un campo magnético o en un campo eléctrico, puede atravesar cualquier disciplina. Algo estético, algo religioso o económico puede resultar filosófico en la medida en que se aborda y se carga de una intensidad más fuerte." Pensemos pues públicamente para aumentar la intensidad de este mundo y hacerlo mejor.


lunes, 10 de noviembre de 2014

El Capitalismo como religión: deuda y culpa.

Una de las principales consecuencias que más sufrimiento están generando de la crisis actual es el endeudamiento tanto de las empresas como de los particulares. Quizás, lo realmente significativo de esta situación de sobreendeudamiento, sea la incapacidad de reparar o devolver la deuda y entrar de ese modo, en un círculo vicioso donde el acreedor tiene la posición privilegiada y el deudor se ve culpabilizado, castigado y hasta sacrificado en un ciclo que parece no tener fin. Quién esta endeudado es culpable y debe pagar sus deudas: incluso con su propio cuerpo como el pago mediante la libra de carne en el Mercader de Venecia de Shakespeare.

Para intentar comprender este discurso del endeudamiento sobre la crisis podemos encontrar en el breve texto del filósofo Walter Benjamin "El Capitalismo como religión" , las bases históricas y culturales de esta relación entre deuda y culpa, que adquiere un carácter teológico en nuestra sociedad actual y es incluso recogida en nuestro código penal. Para Benjamin el capitalismo no solo tiene un origen religioso, sino que es una religión. Recordemos que por ejemplo para Max Weber las prácticas capitalistas tenían un origen religioso en la creencia calvinista de la predestinación donde el éxito económico se interpretaba como signo de elección.

Benjamin nos expone que el capitalismo no es un conjunto de prácticas de origen religioso sino que va más allá y postula que es una religión en sí mismo con tres características que la definen: 1) es una religión completamente ritual sin dogmas. Producción y consumo se realizan como culto divino. Es una religión sin dogmas que se reduce de una forma obsesiva al culto divino. 2) ese culto no tiene ningún descanso. Todos los días son fiestas de guardar, de producir o consumir a crédito. Esto convierte nuestro tiempo en una repetición circular donde todos los días son festivos en una reiteración vacía de novedades que se repiten. 3) Es capitalismo en una religión de la culpa. En alemán "culpa" y "deuda" se dicen con la misma palabra "Schuld". Ser deudor y ser culpable son sinónimos. Pagar la deuda se corresponde con la expiación de la culpa. La religiosidad del capitalismo es mítica. Lo propio del mito es la transmisión de la culpa. En el mito, la culpa heredada, generación tras generación, vuelve justificable el sufrimiento. La culpa hace tolerables y admisibles los padecimientos del hombre ocultando así la injusticia. "Usted es culpable por haber nacido" dice el juez al condenado en El proceso de Kafka.

Lo específico de la religión capitalista es que la culpa/deuda no se salda nunca. El objetivo es transformar en deudor/culpable a todos los hombres. El capital se convierte en un generador global de deuda de personas y países que pierden así su autonomía o soberanía. Parece que el crédito domine el mundo y el futuro de los hombres. El capitalismo es una religión que no incluye la redención, la expiación, la liberación o el perdón y por tanto la cancelación o condonación de la deuda. Esta imposibilidad de desendeudamiento y de expiación provoca el agotamiento y la depresión del sujeto. El gran objetivo neoliberal ha sido siempre la individualización de los riesgos: si no se tiene éxito, si no se pueden repagar las deudas y te desahucian, la responsabilidad única es del individuo ocultando de este modo factores estructurales del sistema que generan injusticias, castas extractivas o desigualdad de oportunidades a las que el individuo no puede hacer frente.

¿Hay salida de este mito circular vicioso? Keynes decía que la función de lo religioso es asegurar el futuro, tan inseguro para el ser humano. Y parece que la seguridad que daba la religión ahora la da el dinero. Deberíamos hacer del dinero algo neutral o como mínimo no un instrumento de dominación políticamente destructivo y acabar con ese mito de culpabilidad mediante la Ilustración: retomar la idea de que el hombre solo es culpable de las faltas que haya cometido libremente. Buscar esa acción libre que rompa el círculo mediante la justicia solidaria y fraternal para con los que sufren (las plataformas antideshaucios pueden ser un ejemplo), dando un verdadero empoderamiento a la población y devolviéndoles su dignidad. Nadie es culpable por haber nacido. Hemos seguramente de volver a pasar de nuevo del mito al logos.





lunes, 3 de noviembre de 2014

La felicidad paradójica: la recomposición de la moral.


El Capitalismo dislocativo que sufrimos actualmente no permite a las personas el poder desarrollar proyectos de vida con seguridad y estabilidad, ya que nos vemos arrollados por la velocidad con la que ocurren los acontecimientos. La demanda de plena flexibilidad y el alto ritmo de exigencia que muchas veces se nos solicita imperativamente, sobrepasan  nuestra comprensión cognitiva de estos factores de cambio estructurales: y parece que nos amoralizan, corrompen e individualizan. Nos aíslan en nuestra búsqueda del éxito personal que la sociedad nos exige. Para acabar finalmente por dislocar nuestras construcciones sociales, nuestra subjetividad y creencias o nuestros deseos personales de progreso futuro. ¿Hasta dónde llega esta dislocación? ¿Hay posibilidades de abordarla y convivir con ella?.

Para el sociólogo Gilles Lipovetsky vivimos en una felicidad paradójica: la sociedad del entretenimiento y el bienestar convive con la intensificación de la dificultad de vivir y del malestar subjetivo. El hedonismo ha perdido su estilo triunfal: de un clima progresista hemos pasado a una atmósfera de ansiedad. Es incontestable que la búsqueda del placer individual y del éxito personal, así como el rechazo de un compromiso colectivo de índole restrictivo, caracterizan a la época posmoderna.

Pero hemos de ser conscientes también que vivimos en sociedades de geometría variable, donde las explicaciones unidimensionales no suelen aprehender toda la complejidad de las mismas; llevándonos a hacer diagnósticos apresurados, sesgados o simplemente ideológicamente interesados. Vivimos en sociedades donde se da la cohabitación de contrarios a modo de las paradojas de la democracia que exponía Tocqueville: donde la afirmación y su contrario pueden coexistir en un mismo hábitat social.

De este modo, para Lipovetsky el incremento de la autonomía individual no ha tenido como correlato la decadencia de lo colectivo, ni la promoción del narcisismo una pérdida de los puntos de referencia tradicionales. La moral no ha abandonado en modo alguno nuestras sociedades, se ha recompuesto de otro modo. Tras los números casos de corrupción política, el desafío de nuestras sociedades modernas no estriba en rehabilitar la moral, sino en favorecer en su seno un individualismo responsable y obrar de tal manera que la irresponsabilidad individual retroceda.

Desde Rousseau, nada hay más común que la temática centrada en la decadencia moral y la cultura. Desde que nuestras sociedades entraron en la época del consumo de masas, son los valores individualistas del placer y de la felicidad, de la plenitud íntima, los que predominan; y ya no la entrega propia de la persona, la virtud austera, la renuncia a uno mismo.

En la actualidad, las acciones éticas suelen combinarse con la diversión, el interés económico, la libertad individual. La moral que domina nuestras sociedades es una moral interpersonal y emocional, indolora y no imperativa, una moral adaptada a los nuevos valores de autonomía individualista. Ya no es apropiado interpretar nuestra sociedad como una maquina de disciplina, de control y de condicionamiento generalizado, mientras la vida privada es más libre, más abierta, más estructurada para las opciones y juicios individuales.

Para Livovetsky, no es cierto que el mundo neoindividualista sea equivalente al cinismo generalizado, a la irresponsabilidad, al declive de los valores y la corrupción política. La eclosión individualista de los valores y el relativismo posmoderno tienen sus límites. En realidad, vemos cómo se recompone un fuerte consenso social en torno a los valores básicos de nuestras democracias: los derechos del hombre, el respeto de las libertades civiles y la individualidad, la tolerancia, la honestidad, el pluralismo. La cultura individualista liberal es mucho menos relativista y desorientada de lo que se suele afirmar.

El mundo de la libertad individualista, nos dice Lipovetsky, no conduce al desorden sin freno de las costumbres. En este sentido, la cultura posmoralista funciona como un "desorden organizador": el liberalismo cultural genera más costumbres sensatas que costumbres disolutas. La interrogación ética aparece como una necesidad de establecer límites y de proteger al hombre frente a los peligros del turbocapitalismo, la tecnociencia y de la autonomía individualista depredatoria desenfrenada.

No todo se reduce al doping o animación de la existencia vía consumir: hoy, mucha gente afortunadamente realiza también todavía inversiones en la vida familiar, la relacional desinteresada, la esfera del voluntariado social y la acción política, el trabajo y la cultura como formas de autorrealización. Con el retroceso moderno de las tradiciones, corresponde a cada cual determinarse, inventar su propia moral como diría Sartre.

Si analizamos justamente con perspectiva nuestra sociedad, no estamos ante un nihilismo moral sino paradójicamente ante un ética de geometría variable: de varias variables que pueden ser contrarias, que combate la dislocación, que debe ser inflexible y categórica para muchas cuestiones esenciales (como la corrupción) pero dúctil en la diversidad social que habitamos. Queda mucho por hacer pero solo se hace camino al andar. Hay motivos para la esperanza: la dislocación aún no nos ha sacado del camino.


viernes, 24 de octubre de 2014

Postcapitalismo: ¿es posible un nuevo sistema económico?


¿Puede darse actualmente un sistema económico alternativo al Capitalismo? ¿Se puede hablar con propiedad de un futuro Postcapitalismo? Con la crisis financiera y social han surgido una serie de críticas, muchas veces radicalizadas, contra el sistema económico actual. Se intentan trazar nuevas líneas de acción política alternativa que empiezan a tener una representación institucional cada vez más importante. La propuesta de un sistema de organización social y económico diferente está ya presente en todos los debates públicos.

Como expone la ensayista Sylvia Nasar, es difícil imaginar un escenario en el que la gente vuelva al socialismo. Incluso si la gente dejara de preocuparse por sus posesiones, cosa muy improbable, se preocuparía por sus experiencias o por la capacidad de vivirlas. El ser humano tiene una ambición ilimitada.

Es cierto también por otro lado, que el Capitalismo contemporáneo muestra una incapacidad cada vez mayor para integrar en su propia lógica la satisfacción de las necesidades humanas. Al contrario, reacciona con la mercantilización del mundo, que conduce a la exclusión de algunas necesidades esenciales: más vale no producir o invertir si esto lleva a una menor rentabilidad. Lo cual desgraciadamente provoca espirales de deflación y estancamiento o involución económica.

Hay que añadir también que como expone el pensador Robert Kurz, desde los años setenta del siglo XX, el Capitalismo ha cruzado un umbral de evolución técnica que lo vuelve demasiado desarrollado para sus propias formas sociales. Además la tendencia de largo plazo del Capitalismo es a automatizar la producción, aumentando constantemente la productividad del trabajo humano y disminuyendo así las bases para la propia reproducción exitosa del sistema ya que se expulsa al desempleo a cada vez más variados perfiles de trabajadores. Esto disminuye la demanda solvente de personas que pueden comprar los productos producidos y aumenta la desigualdad económica y social. Entramos seguramente en una nueva fase de Capitalismo sin trabajo.

¿Cuales son las posibles alternativas al Capitalismo que han ido apareciendo históricamente?. La dicotomía de las propuestas bascula entre la radicalidad (revolucionaria) y el posibilismo (pragmático). Así, unos de los mejores analistas del Capitalismo contemporáneo, el filósofo Slavoj Zizek, expone desde posiciones radicales que es necesario abrir espacios fuera de la lógica del capital, no aceptar que el Capitalismo sea el único destino. Con gestos subversivos y de ruptura ir abriendo nuevas posibilidades arriesgándose a lo imposible. Para Zizek, hay que volver a la economía política (no sólo la economía y la política por separado) y recuperar la lucha de clases como la principal vía emancipatoria.

Las opciones críticas al Capitalismo para Zizek desde diferentes perspectivas serían:

  • Izquierda liberal o tercera vía (Blair/Giddens): es una alternativa de gestión del tardocapitalismo globalizador. Plantea un Capitalismo con rostro humano y defiende mejoras dentro del propio sistema. La paradoja que podría darse es que al someterse a las reglas de Capitalismo universalista, sin defender los intereses de ningún grupo en particular, puede convertirles en el mejor gestor del sistema.
  • Marxismo-leninismo dogmático Troskista: considera aún el viejo discurso de que el proletariado aún tiene la homogeneidad que ha perdido. Se convierte en una especie de fetichismo de la clase obrera y su potencial revolucionario.
  • Superación del Capitalismo (Toni Negri / Hardt): en su libro Imperio exponen que la fase actual del Capitalismo tiene un carácter corporativo y esta dominado por el trabajo inmaterial. Habría que superar y socializar el Capitalismo corporativo transformándolo en propiedad pública lo que es propiedad privada y lo segundo, sería consolidar este trabajo inmaterial que implica en sí mismo un dominio espontáneo de los productores porque regula las relaciones sociales. Reivindica al Estado la renta básica, ciudadanía global, derecho a la reapropiación intelectual, en una modalidad de discurso histérico dado que se hacen demandas imposibles de cumplir. No plantea para Zizek una alternativa global.
  • Democracia radical y política pura (Badiou/Laclau): realiza una demanda incondicional de igualdad pero que no cuestiona su esfera básica que es la economía capitalista. Para Zizek no podemos considerar que la forma política, producto de un sistema socioeconómico, vaya a acabar con este.
  • Intercambio simbólico (Baudrillard): como superación y alternativa al intercambio mercantil.  En la postmodernidad, el sujeto pierde su predominancia y el objeto se muestra activo seduciendo fatalmente al presunto sujeto en una fetichización de la realidad. Es necesario desear nuevas relaciones que incluyan lo gratuito y así escapar al intercambio del mercado y a esa fetichización de la realidad. Se ha de denunciar, introduciendo el desinterés y la gratuidad en las relaciones, el dominio simbólico de la mercancía lo cual quebraría el orden hegemónico y nos devolvería a ser sujetos autónomos. La cultura y las enseñanzas humanísticas deberían enseñarnos a saber desear bien.

El Capitalismo en definitiva no es solamente un modelo económico, sino un conjunto de relaciones sociales. Debemos recombinar de nuevo la economía y la política en lo que anteriormente se denominaba economía política:  lo importante es defender una globalización de derechos y de oportunidades en la que cada uno pueda desarrollar su propia singularidad, combinando posiciones posibilistas y maximalistas. El Capitalismo (o Postcapitalismo...)  en el fondo somos todos.





miércoles, 15 de octubre de 2014

La era de la apreciación: ¿qué busca el nuevo capital humano?


¿Estamos actualmente ante una nueva condición humana diferente a las anteriores?  La abrupta entrada del neoliberalismo en el terreno de la política y la economía a partir de 1979, marcó un antes y un después  no sólo en la gestión de los Estados y el gobierno corporativo, sino también en la concepción de qué es el hombre y cuál es su condición y cualidades más relevantes, creando una nueva antropología neoliberal que difiere bastante de la anterior concepción liberal del ser humano.

Como expone el filósofo francés Michel Feher, en la anterior concepción liberal del hombre los seres humanos sufrían carencias pero eran muy inventivos: los deseos eran insaciables e inconstantes pero poco a poco aprendían a optimizar su satisfacción mediante el intercambio de bienes y servicios con otros seres humanos, que también se encuentran en situación de carencia. En la esfera pública, se permite negocios provechosos, donde la mano invisible del mercado permite que los sujetos libres y responsables adquieran lo que desean al precio óptimo. En la esfera privada, los lazos de amor conyugal y paterno se crean y se mantienen mediante intercambios desinteresados. La antropología liberal estaba fundamentada en la prosperidad económica y felicidad en el hogar. En la separación entre lo público y lo privado y la noción de interés.

Michel Feher expone que con el nacimiento de la era neoliberal se desarrollan dos tipos de políticas que afectarán fuertemente al ámbito económico y también al social y personal: la política monetarista de elevación de los tipos de interés, concebida para destruir la economía fordista basada en las grandes empresas con fuerte presencia sindical, por un lado, y la supresión de todas las reglamentaciones y reglas que pesaban sobre la circulación de capitales, por el otro.

La forma de gestionar la empresa realiza un cambio: con la ética del mánager fordista, la autosuficiencia de la empresa es un ideal y el pedir crédito se hacía para poder invertir y ser lo más autónomo posible. En la ética del mánager neoliberal, lo importante es atraer a los inversores y prestamistas. La gestión empresarial ya no consiste en maximizar los beneficios de la empresa, sino su atractivo. Una empresa que recibe créditos es una empresa acreditada (sólo se presta a los ricos). El crédito financiero ha cobrado más importancia que el beneficio comercial. Para los directivos actuales, la verdadera prueba de excelencia no consiste en generar ingresos sino en atraer inversores.

Con la predominancia y absoluto dominio de los mercados financieros en la economía, el neoliberalismo no es liberalismo de la competencia y mercado libre equilibrado automáticamente por la mano invisible. Los mercados financieros no funcionan de ese modo. Las oscilaciones del valor de las acciones van desde la exuberancia al crack y esta parece que es su manera natural de comportarse. Una acción puede bajar o aumentar sin límite y esto nada tiene que ver con el sistema liberal de competencia y de retorno al equilibrio automático. Estamos pues ante un sistema que se debe constantemente sostener en la confianza, o la desconfianza, que es lo propio de los mercados especulativos.

Y todo esto nos lleva a una nueva condición humana neoliberal: así, si en la Edad Media lo importante era la redención y superar el deseo con la caridad; en la Época Ilustrada con la aparición del liberalismo Victoriano lo importante era el cumplimiento y la satisfacción; en nuestra Era neoliberal inauguramos la era de la apreciación, de la autoestima.

Entramos en un sistema en el que solo nos interesan las competencias de las personas. Feher explica que debemos ser un sujeto atractivo: compramos acciones sobre nuestra capacidad para tener ideas patentables, maquillar cuentas, gestionar recursos humanos. La empresa toma partes del capital humano del empleado y a cambio el empleado recibe partes del capital financiero de la empresa. Los individuos que buscan empleo se comportarán exactamente como las empresas y los Estados. Harán valer sus competencias: su atractivo.

Las cosas que realizamos, cortarnos el pelo, dejar de fumar, hacer deporte, formarnos...ya no son cosas que hacemos para optimizar mi renta sino para ser más atractivos.  No soy por lo tanto un empresario de mí mismo, como querría una concepción liberal, sino más bien el gerente de una cartera de conductas que trato de valorizar. Todo lo que hago o me ocurra tendrá un efecto sobre el valor y capital humano que soy y, por consiguiente, me trato como una cartera de acciones y obligaciones y mi manera de gestionar mi vida es una forma de valorizarme o desvalorizarme en el mercado.

Finalmente Michel Feher expone que entramos de este modo en una nueva era psicológica en la que mi objetivo fundamental no es maximizar mi satisfacción sino apreciarme. En todos los sentidos del término. En el sentido financiero (hacer que el capital que soy sea atractivo para todos los inversores posibles) pero también apreciarme en el sentido de adquirir autoestima (paradójicamente uno de los pilares fundamentales de la psicología actual). Pasamos de un sujeto anhelante que busca la óptima satisfacción para reemplazarlo por una persona vulnerable cuyo destino depende de su capacidad para adquirir suficiente autoestima.  Nuestra nueva subjetividad neoliberal es, cómo nuestra época económica dominada por los mercados financieros,  la del individualismo  especulativo: se trata de especular en permanencia sobre lo que puedo ser.


lunes, 6 de octubre de 2014

De la Biopolítica a la Distopía: la Sociedad Normalizada


Soñamos paraísos y acabamos construyendo mundos de pesadilla. Vivimos una época de realidad distópica en la que todo es posible. La distopía de hoy se rebela contra las utopías ultraliberal y tecnocientífica. Cuando se promete la felicidad a todos y se anuncian placeres en cada esquina, la vida cotidiana es una dura prueba. ¿Quién iba a pensar la victoria de lo peor de los dos sistemas: mercado incontrolado y partido único?.

Asistimos a la prolongación de la lógica del Capitalismo terminal y la conversión del individuo o bien en consumidor sin derechos, trascendencia, ni destino, o bien en mercancía. La revolución digital también ha traído consigo un arsenal de posibilidades, que tanto tienen que ver con lo utópico (el ciberactivismo) como con lo distópico (la pérdida de intimidad, la videovigilancia extrema).

Con la aparición de la dominada Biopolítica, expuesta por el filósofo Michel Foucault en los setenta, el poder comienza a mirar la vida como algo a colonizar y gestionar para aumentar la productividad. ¿Cómo hacer con las personas para que sean más productivas?. Interesa controlar más el conjunto que al individuo. Es el nuevo gobierno de las almas orientado a la producción y la responsabilidad personal. Las políticas tratan de normalizar las poblaciones (la demografía, la salud, el trabajo o las emociones) para que produzcan más.

Entramos en la sociedad de las probabilidades con el dominio de la estadística poblacional. Ser normal significa adaptarse. Hay que autorregularse para ser un miembro normal y productivo de la sociedad.  La educación parece que solo trata de hacer individuos competentes. La Psicología se hace dominante para controlarnos con un discurso que se basa en una normalización ideológica que nada tiene que ver con la Ciencia. Hemos pasado del Gobierno de las almas por la Religión, al Gobierno de las mentes por la Psicología y más recientemente al Gobierno del cerebro con la Biomedicina y el control de la vida con la genética y la medicalización de la sociedad.

Ya no creemos que somos un sujeto; creemos más bien que somos un proyecto que debemos optimizar. La ideología propia de la Biopolítica es el neoliberalismo. El Estado solo debe ocuparse de la seguridad. Cada uno debe responsabilizarse de sí mismo. Es entonces cuando las sociedades funcionan realmente bien.

Hay que advertir que el neoliberalismo siempre ha tenido una parte seductora que no ha sido capaz de ser reconocida críticamente por la izquierda: ofrece una vida de responsabilidad propia, una individualidad libre que importa, una vida  que puede gestionarse como una empresa donde cada uno se construye a sí mismo. Esta idea de que uno es relevante, importante y que puede ser reconocido y admirado por sus logros (el nuevo mito del emprendedor) es, en sí misma, una idea seductora y legítima. La crítica al neoliberalismo no debería venir entonces por el lado de la libertad sino por el de la desigualdad que provoca; y que corroe las sociedades haciendo desaparecer el sentido de lo comunitario y del bien común.

Todos sabemos cual es el reverso de esta exigente vida de managers de nosotros mismos: el miedo a la exclusión, a que no se hable de nosotros en las redes sociales, la ansiedad y la depresión en aumento. La falta de un meditado sentido ético personal y comunitario. El cansancio en esta sociedad del rendimiento. Interiorizamos inconscientemente tan bien este discurso del rendimiento y el éxito, que nos automedicamos para no parecer anormales si fallamos.Y como para la industria todos somos individuos potencialmente enfermos desde que nacemos (un mapa genético puede determinar posibles futuras enfermedades), el negocio es redondo.

Es quizás más necesario que nunca buscar, sin miedo, nuevas Utopías personales. Como sabiamente nos decía el poeta Fernando Pessoa: "Llega un momento que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos".