domingo, 8 de diciembre de 2013

Estudiando la Felicidad: de la conformidad al sentido


Vivimos ciertamente en una sociedad permisiva en la cual uno de sus mecanismos de funcionamiento, que parecen menos evidentes, es que en vez de prohibir hay que intentar que se desee lo que se quiere. El poder en vez de ser autoritario ahora debe seducir. Tenemos el deseo de regular y  lejos de intentar saltarnos las reglas como ocurría anteriormente,  las reglas y las normas son fuentes de placer para muchos cuando deben vigilar como aplicarlas. Construimos normas y regulaciones para nuestro bienestar pero al mismo tiempo el deber se convierte en un placer.

El filosofo Slavoj Zizek nos advierte que podemos encontrarnos ante un totalitarismo democrático en el cual se nos demanda a realizar nuestro deber o trabajo y además disfrutarlo y nos sentimos mal sino nos sentimos bien haciéndolo. Estamos ante una nueva forma de conformidad, más sutil si se quiere, pero siempre presente. Tienes que amar lo que debes hacer, el ser feliz se convierte en el nuevo mandamiento pero si nos detenemos a pensar quizás realmente no deseamos lo que queremos.

Desde el punto de vista de las Ciencias Sociales se comienza a estudiar la felicidad como un fenómeno. La felicidad es definida como un estado subjetivo de bienestar. La felicidad es algo que sentimos. En un sentimiento de placer inmediato o una sensación de conformidad y bienestar con la forma en que nuestra vida discurre. De los diferentes estudios que se han llevado a cabo el descubrimiento más importante es que la felicidad no depende realmente de nuestras condiciones objetivas o de la riqueza de nuestra sociedad. Al contrario, la felicidad depende por encima de todo, en la correlación entre las expectativas y las condiciones. Esto significa que no se es más feliz porque nuestra condición objetiva sea x. Se es más feliz porque nuestras expectativas, cualquiera que estas sean, se han cumplido.

Esta linea de pensamiento sobre la felicidad tiene fuertes implicaciones a la hora de analizar la historia de nuestras sociedades. Uno de estos mecanismos descubiertos de la satisfacción humana es que cuando los cosas mejoran, nuestras expectativas se disparan. Esperamos mucho más cuando se produce una significativa mejora de las condiciones objetivas y esto nos lleva a la insatisfacción porque esperamos más que antes y más si tenemos el mandato moderno de ser felices a toda costa.

Otra interesante conclusión de estos estudios es que si la felicidad esta determinada por las expectativas, dos de los pilares centrales de nuestra sociedad moderna como son los medios de comunicación y la publicidad, no están trabajando precisamente para asegurar el bienestar con sentido sino para que la gente no se sienta bien a pesar de la gran mejora objetiva en las condiciones materiales de nuestra sociedad. Al exponernos continuamente a mejores productos y formas de vida trabajan en incrementar nuestras expectativas para que consumamos más.

La felicidad también se ha estudiado desde otros ámbitos del conocimiento como el de la Biología y llegan a conclusiones similares a los científicos sociales de lo subjetivo de la felicidad aunque con una perspectiva diferente. Los biólogos argumentan que nuestro mundo mental y emocional esta gobernado por mecanismos bioquímicos que fueron modelados durante millones de años de evolución. Como otros estados mentales, nuestra felicidad, nuestro estado subjetivo de bienestar, no es determinado por factores externos como nuestro salario o la situación política de nuestro país sino que es determinado por un complejo, interno sistema biológico de nervios y neuronas y sinapsis en el cerebro y por varias sustancias bioquímicas como la serotonina, la dopamina o la oxitocina. Todo esto controla nuestro humor y nuestro placer, felicidad o tristeza. Una persona que gana la lotería salta de felicidad porque esta reaccionando a varias hormonas en el torrente sanguíneo y a señales eléctricas en el cerebro.

La evolución parece que nos ha programado para mantener nuestros niveles de felicidad bastante constantes. La felicidad y la tristeza juegan un papel en la evolución para promover o no la supervivencia y la reproducción. La evolución nos ha llevado a no ser ni demasiado felices ni demasiado miserables. Esta perspectiva biológica circunscribe la felicidad a disfrutar internamente de sensaciones placenteras el mayor tiempo posible y esto sólo puede conseguirse mediante la ayuda de drogas u otros tratamientos médicos. El dinero, el status social, grandes casas no proporcionan la felicidad. Nuestros sistema biológico se adapta y reduce la sensación placentera.  La felicidad duradera viene únicamente de los compuestos bioquímicos que hay internamente en nuestro cuerpo y que pueden fomentarse con los medicamentos (Prozac) o drogas sintéticas adecuadas. La felicidad es el soma del mundo feliz de Aldous Huxley.

Finalmente desde una perspectiva mas holística podemos decir que quizás la felicidad no es confort, no es placer; por encima de todo esto es encontrar sentido en lo que hacemos a pesar de que esto suponga pasar a veces por malos tiempos o dificultades. Si la felicidad depende del sentido en la época actual jugamos con desventaja si lo comparamos por ejemplo con la época medieval donde el sentido religioso de la vida humana era omnipresente. Puede que el mundo postmoderno haya fragmentado o destruido cualquier intento de sentido absoluto pero la clave para ser feliz esta en sincronizar nuestras ilusiones con las de nuestra comunidad y la gente que nos rodea. Si nuestra historia personal encaja  y esta en línea con las de las personas que nos rodean podemos convencernos que nuestra vida tiene sentido y encontrar así la felicidad y la satisfacción. No conformarnos con lo que nos ofrecen sino en dar un sentido interno a lo que hacemos. La felicidad esta en dar sentido a nuestra vida con los demás.







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